El pasado miércoles 8 de septiembre, la población de Bárcena de Toranzo, reunida en Concejo Abierto, ha votado no a autorizar que las empresas eólicas desarrollen sus planes industriales en su territorio.
A continuación os ofrecemos una crónica de como se desarrolló el concejo.

El Concejo ha tenido su polémica, pues el primer punto del orden del día era la charla que ofrecía una representante de Green Capital, empresa que puja por uno de los dos permisos superpuestos que afectan a esta zona (permiso Acebo, en este caso).
Para contrastar sus argumentos y que estuvieran allí presentes todas las opiniones y datos, el propio alcalde pedáneo pidió a algunas personas, movilizadas en contra de los eólicos, que acudieran al Concejo.
Ante la nutrida presencia de gente ‘en contra’, tan respetuosa como preocupada,  la representante de Green Capital manifestó al pedáneo su negativa a hablar si «estaba ahí esa gente».
El pedáneo le insistió en que «no iba a haber problemas». Aún así ella insistía en que «resulta muy incómodo», «he venido a hablar solo con los vecinos», e incluso «toda esa información la puede encontrar cualquiera en internet» (¿La suya no?).
Tras estos prolegómenos (off the records), el alcalde pedáneo invitó a todas las personas presentes no empadronadas en el pueblo a retirarse, mientras intervenía esta comercial de la industria eólica. Lo expresó con cierta tirantez (malos modos opinarán algunas) y amenazó con suspender el concejo si no se seguían sus indicaciones. Se le veía tenso.

Un Concejo Abierto -sin límite de aforo, en exterior- es un acto público. No se le puede negar a nadie su asistencia a priori (aunque no tenga voz si no se la conceden). Aún así se garantizó que, después de la intervención de la empresa, las asistentes podrían intervenir y exponer sus argumentos. Difícilmente se podría replicar a algo que no se ha escuchado, pero aún así, por respeto a la soberanía del pueblo y al normal desarrollo de su concejo, estas personas decidieron retirarse de la reunión.

Desconocemos, pues, el contenido de lo expuesto, salvo por comentarios que compartieron algunas de las personas que sí pudieron asistir.
Lo de siempre: unas migajas económicas (4000€ anuales, con los que pagar, a duras penas, un par de hormigoneras al año para arreglar caminos del pueblo, por ejemplo), libre acceso por las pistas que se abran (sin especificar que es bajo tu propia responsabilidad, que ellos se lavan las manos de accidentes provocados por sus infraestructuras) y la amenaza velada de que si no firman, luego puede que sea el Estado quien expropie («y menos dinero os darán»).
También quisieron vendernos que son una empresa familiar: Capital Energy, empresa del ex-yerno de Florentino Pérez, en 2019 contaba con 20,5 millones de fondos propios y 9,2 millones facturados. Para sus proyectos eólicos, está buscando financiación por unos 2.000 millones de euros. Típico de cualquier empresa familiar.

Poco más dijo la comercial, casi nada del proyecto en concreto. Apenas veinte minutos de pura publicidad.

La sorpresa de la gente apartada fue en aumento cuando, desde la lejanía, vieron que comenzaba la votación, justo al terminar la exposición de la comercial, sin haber dado un minuto para contrastar sus informaciones; más aún al constatar que se estaba votando «sí» o «no», sin saber nada siquiera del proyecto Acebo en sí.
Algunas personas intentaron que «esa gente que espera ahí diga lo que han venido a decirnos antes de votar» pero el pedáneo pospuso su participación a después de la votación; lo que se respetó educadamente (con cierto mosqueo ya) por muy surrealista que fuera.
Mientras, la representante de Green Capital y su acompañante, hacían mutis por el foro y desaparecían sigilosamente, no tuvieran que responder a intervenciones que les incomodaran o para las que carecieran de argumentos.

No fue un proceso de votación ejemplar de democracia directa pero, aún así, el resultado fue lo suficientemente claro para no dejar margen a la duda: con gran diferencia de votos ganó el no.
Tras el recuento, el pedáneo anunció el resultado, afirmando que «El pueblo de Bárcena ha votado que no a los eólicos y así se respetará venga la empresa que venga». A lo que también añadió su coletilla personal «dentro de dos años van a tener que venir los de la plataforma -anti eólicos- a desbrozar y mantener los caminos» (ya que la empresa de los molinos no lo hará) y «si luego lo declaran de interés general y expropian, menos nos van a dar». A alguna persona se lo habría oído, pero esté usted tranquilo, que ese procedimiento no es tan sencillo, ni tan claro como lo ha sido la oposición del pueblo. Y ya tiene la decisión («sea la que sea, pero volveré a dormir tranquilo» -comentó).

Para finalizar el acto se dio voz a quienes habían acudido a informar ‘desde el otro lado’, desde el lado sin comisión ni interés partidista, justo después de desconectar el micrófono. Aún así muchas vecinas permanecieron, tanto de las que habían votado sí, como no. Nunca es tarde para informar mínimamente y se intentó también apaciguar la separación que puede ocasionar una toma de una decisión tan rápida y tan poco madurada y debatida. Cambiar el futuro de un pueblo en un tris, en menos de media hora, sin ninguna información, solo con opiniones legítimas pero infundadas, siempre es una pena. Por suerte, ese cambio drástico para el que no habría marcha atrás, no sucederá por lo que a la población de Bárcena respecta.

Gentes de Bárcena: muchas otras gentes de Cantabria, afectadas por ese permiso, por otros, por todos, agradecemos vuestra decisión.